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China


-  Población: 1.294.867.000
-  Internautas: 78.000.000 (2003)
-  Precio medio para 20 horas de conexión: 8 euros
-  DAI*: 0,43
-  Apreciación**: situación grave


Con 61 internautas encarcelados a fecha 1 de mayo de 2004, China es la mayor cárcel del mundo para los ciberdisidentes. Es también el país en que están más desarrolladas las tecnologías de interceptación de las comunicaciones electrónicas, y de censura de la Red. Además, recientemente las autoridades han decidido apretar aun más su cerrojo sobre la Red, dando así marcha atrás a las escasas conquistas logradas por los internautas, en los últimos años.

Las autoridades chinas utilizan una sabia dosificación de propaganda, desinformación y represión, para ahogar la libertad de expresión en el Net. Si las primicias de Internet pudieron hacer soñar con la emergencia de un medio de comunicación sin control, que ayudaría a la liberación del país, ahora no hay más remedio que constatar que esas esperanzas se han visto decepcionadas. El ejemplo chino ha roto un buen número de ideas preconcebidas: Internet puede convertirse en un medio de propaganda fuera de lo común; el poder puede controlar totalmente Internet, si se dota de los medios para ello; Internet no puede, por sí solo, apoyar de manera significativa la emergencia de la democracia. A este respecto, el trabajo de zapa llevado a cabo por el gobierno chino contra la disidencia en línea sirve de modelo a las dictaduras del planeta. En Cuba o en Corea del Norte, las autoridades han conseguido yugular a la disidencia digital, limitando la expansión de la Red. Desgraciadamente, el gobierno chino ha probado que es posible desarrollar el Net y al mismo tiempo hacerlo aséptico.

Un buen número de internautas chinos son extremadamente inventivos, y disponen de conocimientos técnicos que les permiten eludir la censura de Pekín. Pero el refuerzo de las medidas de filtrado, desde el comienzo de 2004, ha hecho mucho más difícil el acceso a una información independiente. En cuanto a la movilización de la disidencia en el exilio, es cada vez más activa y eficaz. Participa en la elaboración de herramientas para evitar los cortafuegos chinos, e intenta presionar a los gobiernos de los países en que reside. Sin embargo, entre la hipocresía de los Estados occidentales, ávidos por asociarse al creciente poder económico de China, y los importantes medios económicos desplegados por las autoridades para dar caza a la disidencia, la tarea de estos defensores de la libertad de expresión se anuncia difícil.

Con cerca de 80 millones de usuarios, China es ahora el segundo país del mundo en número de internautas. Ciertamente, la cifra puede parecer escasa en relación con la población total del país, pero se ha duplicado en dieciocho meses. A este ritmo, en pocos años el país será el protagonista del mundo de Internet.

El Net chino en pleno crecimiento

Hoy existen cerca de 600.000 sitios públicos en el país aprobados por las autoridades, lo que representa un aumento del 60% en relación con 2002. También está floreciendo el Net económico chino. Sina.com, el mayor portal del país, anunció una cifra de negocios de más de 30 millones de euros en el cuatro trimestre de 2003; es decir, un aumento del 197% en relación al mismo período de 2002. Mientras las empresas occidentales del sector apenas consiguen salir de la crisis, China parece Eldorado y atrae todas las codicias. Para conservar su lugar en ese mercado, Yahoo! ha aceptado censurar él mismo la versión china de su buscador, y controlar los foros de discusión. Resultado, si en ese buscador se pide "Taiwan independance" (independencia de Taiwán), no se obtiene ningún resultado. Si se intenta meter un mensaje sobre el tema, en algún foro de discusión, nunca aparece en línea. El gigante norteamericano hoy está dispuesto a todo para conquistar el país, y se ha lanzado a la compra de empresas chinas, como el buscador 3721.com, por el que ha pagado 120 millones de dólares. Frente a tales retos financieros, los derechos humanos y la libertad de expresión se descartan con un golpe de mano.

Pekín enseña la pata blanca

Pekín reprime, pero también da muestras de buena voluntad a la comunidad internacional. En marzo de 2004 la Constitución china integró el "respeto y la garantía de los derechos humanos". Ese mismo mes, las autoridades publicaron un libro blanco, para defender su política en este terreno. Esas buenas intenciones han ido acompañadas de unas pocas acciones concretas y mediatizadas. Liu Di, una estudiante encarcelada durante un año sin juicio, por unos textos publicados en Internet, salió finalmente en libertad en los últimos días de noviembre de 2003. Muy conocida en China y en el extranjero, se había convertido en el emblema de la arbitrariedad de la justicia china. Igualmente, la mayoría de los ciberdisidentes que desde hacía años esperaban ser juzgados, lo fueron en 2003. Claro que les han condenado a penas de cárcel, por el simple ejercicio de su libertad de expresión. Pero los procesos de esos disidentes revelan una voluntad de legalizar las situaciones, lo que se puede considerar un punto positivo.

El Net, herramienta de propaganda

Las autoridades chinas se sirven eficazmente de la Red, como de un vector de propaganda. Ahora los órganos del Estado son extremadamente potentes en la Red. www.xinhuanet.com, el sitio de la agencia oficial de prensa, y la versión en línea del diario China Daily, www.chinadaily.com.cn, que difunden una información totalmente controlada por el Partido Comunista, totalizan millones de visitas al día.

En diciembre de 2003, el Ministro de Asuntos Exteriores, Li Zhaoxing, fue el primer cargo oficial que aceptó participar en un "chat", es decir dialogar en directo con los internautas. Aunque este tipo de práctica todavía está poco desarrollada, sin embargo demuestra una voluntad de los políticos por sacar el mejor partido de las nuevas posibilidades ofrecidas por este medio de comunicación.

El gobierno también utiliza el Net para destacar su postura sobre determinados temas sensibles. Entre otras cosas ha creado numerosos sitios informativos sobre Tibet, como www.tibetinfo.com.cn o www.tibetology.com.cn, que le sirven de repetidores para legitimar su control de la región. Las versiones inglesas de esos sitios ponen el acento en las condiciones de vida en Tibet, insistiendo en el respeto del poder central por los derechos humanos. Son publicaciones destinadas a modelar la opinión pública china, pero también van dirigidas a calmar las críticas que les llegan desde el extranjero.

Si el régimen censura ampliamente los foros de discusión, también sabe utilizarlos en su propio beneficio. Por ejemplo, esos espacios de discusión se manipulan para reforzar el sentimiento nacionalista en períodos de crisis. Las autoridades dejan que se viertan declaraciones extremadamente violentas contra Japón y Estados Unidos entre otros, canalizando así el descontento hacia objetivos exteriores.

Finalmente, las autoridades mediatizan su represión de los ciberdisidentes, y su capacidad para vigilar la Red. El arsenal tecnológico chino es ciertamente puntero, y la ciberpolicía pletórica. Sin embargo, sigue resultando imposible el control absoluto de las comunicaciones electrónicas. La solución más eficaz para amordazar la libertad de expresión continúa siendo empujar a los internautas a la autocensura, haciendo aumentar la omnisciencia del Régimen. 61 personas encarceladas por expresarse en Internet es, en definitiva, un número bastante reducido en comparación con el número de presos políticos y de conciencia del país. Pero, ampliamente mediatizadas, esas detenciones son suficientes para asustar y silenciar.

Internet, el medio de comunicación del descontento

Los internautas chinos utilizan ampliamente los foros de discusión para debatir temas sociales. Es en ellos donde estallan los escándalos y cristaliza la contestación. "El asunto de BMW" es un ejemplo flagrante. En octubre de 2003, a una campesina la mató un mal conductor que circulaba en un BMW. En el juicio, a la conductora solo la condenaron a una multa muy pequeña. La sentencia provocó una inmensa oleada de descontento. Se pusieron en línea cientos de miles de mensajes, para denunciar el sistema judicial del país, hasta el punto de que el gobierno se asustó y tomó una serie de medidas para impedir que ese tipo de movimiento de protesta pueda emerger en la Red.

Marcha atrás para la libertad de expresión

En febrero de 2004, el poder dictó unas directivas destinadas a prohibir los temas delicados en los foros de discusión de los grandes portales chinos (sohu.com, sina.com, etc). De esta forma se cerró la mayor parte de los espacios de discusión política, y los moderadores (ban zhu) redoblaron sus esfuerzos para censurar los debates. Pocas semanas más tarde, las autoridades decidieron hacer inaccesible la mayoría de los blogs, esos mini-sitios personales que permitían a decenas de miles de chinos publicar sus comentarios sobre la actualidad.

Finalmente, Pekín aceleró su programa de cierre de los pequeños cibercafés. Como eran difícilmente controlables, ahora van a pasar a estar bajo la tutela de unas cuantas cadenas de almacenes, estrechamente relacionadas con el Estado y obligadas a instalar sistemas de vigilancia homologados. Hoy, en China, resulta imposible hablar de política en Internet.

La censura china, ¿cómo funciona eso?

Desde su origen, la arquitectura de la Red china se concibió para permitir el control de la información. Solo existen cinco backbones; es decir, cinco puntos por los que pasa todo el tráfico. Cualquiera que sea el proveedor de acceso utilizado por el internauta, sus e-mails y los documentos que descarga transitan necesariamente por esos nudos de conexión.

Después, China ha comprado tecnologías y material puntero en empresas norteamericanas. Cisco Systems vendió varios miles de cursores, a más de 16.000 euros la pieza, para formar la infraestructura de vigilancia del régimen. El material se parametrizó con ayuda de ingenieros de Cisco. Permite leer las informaciones transmitidas por la Red y encontrar las palabras clave "subversivas". La policía dispone de medios para saber quien consulta sitios prohibidos, o envía correos electrónicos "peligrosos".

Las autoridades han creado un filtro eficaz de la Red. El espectro de la censura se ha ampliado extremadamente, yendo desde sitios informativos a publicaciones sobre las minorías étnicas, pasando por la pornografía, el movimiento espiritual Falungong o los derechos humanos. Según un estudio efectuado por el Berkman Center for Internet & Society, China bloquea varios cientos de miles de sitios. Algunos se bloquean por su dirección IP, otros por el nombre del dominio, pero también han aparecido métodos más sutiles. Ahora Pekín practica el desvío de DNS (DNS highjacking), un método que, cuando un internauta intenta consultar un sitio prohibido, permite desviarle a otro sitio, o a una dirección inválida. Este tipo de censura resulta difícil de descubrir para el usuario, que piensa que ha marcado una dirección errónea. Las autoridades también consiguen censurar directamente los buscadores. Para Yahoo! se trata de una tarea fácil, ya que ha aceptado plegarse a las demandas del gobierno. Sin embargo, según Benjamín Edelman, especialista en técnicas de filtraje de la Web, el buscador Google también está controlado por el poder, en contra de su voluntad. El bloqueo puro y simple de esta herramienta, intentado en 2002, se demostró muy difícil, porque resulta esencial para el funcionamiento del Net. Pero China ha conseguido bloquear los resultados de la búsqueda, excluyendo los temas controvertidos. En el momento presente, una búsqueda del término Falungong en Google, o bien provoca un bloqueo temporal de la conexión del internauta, o no da ningún resultado.

Algunos usuarios del Net chino consiguen eludir la censura, utilizando por ejemplo repetidores proxies, es decir conectándose a la Red a través de servidores con sede en el extranjero. Posteriormente, algunos activistas que están fuera de China han creado sistemas para ayudar a los internautas a evitar los filtros del régimen. Los más activos en este campo son el laboratorio de investigación Citizenlab, de la Universidad de Toronto (Canadá), y Dynamic Internet Technology, una empresa dirigida por Bill Xia, un chino emigrado a Estados Unidos. Además, Estados Unidos ha creado la Oficina de la Libertad en Internet (Office of Internet Freedom), encargada de crear y difundir tecnologías que permitan eludir la censura del Net, en los países represores.

China, la mayor cárcel del mundo para los ciberdisidentes

China detuvo a dos ciberdisidentes, entre mayo de 2003 y mayo de 2004. Otros cuatro salieron en libertad, en el mismo período.

Sin embargo, a fecha 1 de mayo de 2004, 61 personas continúan encarceladas por publicar en Internet textos considerados subversivos. 17 de esos internautas han sido condenados, desde mayo de 2003, a penas que llegan hasta los 14 años de cárcel. Los tribunales han seguido dedicándose a parodias de juicios, mofándose sin vergüenza de los derechos de la defensa. Las voces de algunos intelectuales chinos, como Liu Xiaobo, se han alzado contra la iniquidad de la justicia. Este, entre otras cosas criticó la abusiva utilización del artículo 105 del código penal, que establece penas de cárcel por "subversión", para los ciberdisidentes que se declaran favorables a la democracia.

Sitios de utilidad

-  La organización Human Rights In China
http://iso.hrichina.org/iso

-  La agencia oficial de prensa Xinhua
www.xinhuanet.com

-  Los sitios que se ocupan de los derechos humanos en China
www.circus.org, www.boxum.com

-  El weblog de Internet en Asia
http://sirc.blogspot.com

* El DAI (Digital Access Index) es un índice creado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, para medir la capacidad de los individuos de un país dado para acceder a las tecnologías de la información y la comunicación. Las notas van de 0 (incapacidad total) a 1 (acceso perfecto)

** Las apreciaciones (situación buena, media, difícil, grave) se han establecido a partir de siete criterios: ciberdisidentes o periodistas digitales muertos, encarcelados, acosados, censura de sitios informativos, existencia de sitios informativos independientes, existencia de proveedores de acceso independientes, coste abusivo de la conexión.




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