Afrique Ameriques Asie Europe Moyen-Orient Internet Nations unies
 
China

Superficie: 9.598.050 km2.
Población: 1.304.196.000.
Idioma: mandarín.
Jefe del Estado: Hu Jintao.

China - Informe anual 2005

El gobierno ha continuado con la privatización de los medios de comunicación y reprimiendo severamente a los periodistas reformistas. La prensa escrita, que por primera vez se encuentra en situación de competir, se arriesga a ejercer la crítica, pero el Departamento de Propaganda vigila y sanciona. A fecha 1 de enero de 2005 China era, con al menos 27 periodistas detenidos, la mayor cárcel del mundo para los profesionales de la información.

"China está privada del derecho a la libertad de prensa, no autoriza las divergencias políticas y prohíbe cualquier independencia de los medios de comunicación. Sus progresos políticos acusan un gran retraso en relación con su desarrollo económico, y con la evolución de las mentalidades", ha manifestado el intelectual Liu Xiaobo, galardonado con el Premio Reporteros sin Fronteras - Fundación de Francia 2004, por su combate en favor de la libertad de prensa.

En efecto, la prensa escrita, en plena expansión, continúa estando vigilada por el Departamento de Propaganda, rebautizado ahora como Departamento de Publicidad. Los directores de los periódicos pueden hacer lo que quieran para aumentar los beneficios, gracias a la publicidad, modernizar sus publicaciones o incluso sacar el capital a la bolsa. Pero tienen que respetar las consignas del Partido Comunista e inculcar en sus redacciones la virtud de la autocensura. En diciembre de 2004 se cotizó en la bolsa de Hong Kong el Diario de la juventud de Pekín, número 2 de ventas en China Popular El periódico sigue estando controlado por la Liga de la Juventud Comunista y su director explicaba así el éxito: "Mientras respetemos la ley, podemos contar lo que interesa a la gente". Esta privatización a marchas forzadas ha obligado al cierre de más de 600 publicaciones, al tiempo que tiende a desaparecer el sistema de suscripciones obligatorias a la prensa oficial.

El gobierno ha desplegado importantes medios para conservar la situación de monopolio de la radio-televisión del Estado CTV, y de la agencia de prensa Xinhua. Y así, aceleró la construcción de una "gran muralla de las ondas", que permite interferir la programación de las radios internacionales. Con la colaboración de la empresa francesa Tales, se han instalado antenas ALLISS en las cuatro esquinas del país, para bloquear las ondas que llegan desde el extranjero Las pocas televisiones en chino, de cable o por satélite, que atacan al gobierno, se han visto acosadas. Así, el canal New Tang Dynasty TV (NTDTV), acusado de apoyar al movimiento Falungong, ha sido el blanco de las autoridades de Pekín, desde que comenzó en febrero de 2002. Como resultado de las múltiples presiones recibidas, el operador de satélite New Skies Satellites puso fin a la difusión del canal en China. Y los diplomáticos chinos han presionado a sus homólogos franceses desde el mismo momento en que NTDTV se pudo ver nuevamente en Asia, a través del satélite W5 del operador Eutelsat, con sede en París. En julio, la administración puso en marcha una campaña contra la instalación ilegal de equipamientos de satélite, para prevenir la emisión de programas "reaccionarios, violentos y pornográficos". Se retiraron miles de antenas parabólicas de los hogares.

El Partido Comunista ejerce el control de la información también a través del miedo. Como el que provocó la detención de los responsables del diario reformista Nanfang Dushi Bao, en toda la profesión. La detención, durante cerca de seis meses, de Cheng Yizhong, redactor jefe estrella de ese audaz periódico de Cantón, recordó los límites que no se pueden rebasar. El periódico había publicado una investigación sobre la muerte por torturas de un estudiante en una comisaría de Cantón, y había revelado un nuevo caso de SRAS en la ciudad, antes de que se autorizara oficialmente a publicarlo. Cheng Yizhong quedó en libertad, pero le expulsaron del Partido Comunista y no le readmitieron en su puesto. Dos de sus colaboradores, Yu Huafeng y Li Minying, condenados a severas penas de cárcel, continúan internados.
Seguramente, las protestas nacionales e internacionales tuvieron algo que ver con la liberación, en 2004, de Liu Jingsheng, fundador de la revista clandestina Tansuo (Exploración), después de permanecer doce años detenido, y con la del fotógrafo surcoreano Jae-hyun Seok, condenado a dos años de cárcel por haber cubierto la situación de los refugiados norcoreanos en China; y también con la reducción de la pena impuesta al periodista Wu Shishen condenado, en abril de 1993 a cadena perpetua, por orden del ex presidente Jiang Zemin, por "divulgar ilegalmente secretos de Estado".

En cambio, nada ha impedido que se vuelva loco el periodista Yu Dongyue, detenido desde las manifestaciones de la Plaza de Tiananmen de 1989. Un ex compañero de detención, que ha huido de China, declaró que entre otras cosas al periodista le ataron a un poste eléctrico y le dejaron, a pleno sol, durante varios días, y después le tuvieron aislado durante dos años.

La policía ha continuado acosando a los periodistas disidentes. Así, el 24 de noviembre de 2004 detuvo a Shi Tao, por "divulgar informaciones confidenciales relativas al Estado". La policía entró en su casa sin autorización, le detuvo y confiscó su ordenador y algunos documentos. Antes de marcharse, los agentes pidieron a su mujer que no avisara a nadie, sobre todo a los medios de comunicación, o en caso contrario maltratarían a su marido.
Las sanciones más corrientes son el despido, o el dejar de lado. Este fue el caso de Xiao Weibi, redactor jefe de la revista Tong Zhou Gong Jin, despedido en septiembre por publicar una entrevista con un ex responsable del Partido Comunista en Cantón, partidario de las reformas políticas. En señal de protesta dimitieron cinco de los seis miembros del consejo de orientación de la revista. Igualmente, a Wang Guangze, del bisemanal Ershiyi shiji jingji baodao, le apartaron de la redacción el 23 de noviembre, después de que estuviera en Estados Unidos. Las denuncias por difamación, y las agresiones, son los nuevos medios de presión utilizados por las autoridades locales, o las empresas privadas. Decenas de periodistas han tenido que acudir ante los tribunales, o han recibido la visita de secuaces, cuando se han interesado demasiado por las malversaciones, en un país carcomido por la corrupción.

El enemigo número 1 de la libertad de prensa en China sigue siendo el Departamento de Publicidad, que depende directamente del Comité Central del Partido Comunista. Incapaz de censurarlo todo, regularmente ordena a los periodistas que no escriban sobre los temas políticos y sociales más sensibles. También se encarga de que se mantenga el silencio sobre los grandes temas tabúes. Quince años después de la masacre de la Plaza de Tiananmen, todavía esta prohibido utilizar el término "4 de junio", en la prensa y en Internet. Los censores tienen la mano puesta permanentemente sobre el interruptor, dispuestos a cortar las emisiones de las televisiones extranjeras. Cada vez que se habla de ese asunto, o de muchos otros, una imagen negra invade las pantallas de las habitaciones de los hoteles y los domicilios de los residentes extranjeros, que son los únicos que tienen acceso legal a canales tales como CNN o BBC. Es muy larga la lista de los acontecimientos que los censores silenciaron en 2004: manifestaciones pro-democráticas en Hong Kong, el caso del asesino en serie Ma Jiajue, los motines entre hans y musulmanes en Henan, las huelgas obreras en el Noreste, etc.

El Departamento de Publicidad también tiene entre sus objetivos prohibir que los disidentes, y otros intelectuales críticos, escriban en la prensa. En noviembre, ordenó a los medios de comunicación oficiales que no publicaran los artículos de seis comentaristas políticos reformistas, entre ellos Jiao Guobiao conocido por difundir en Internet, en marzo, un panfleto en el que aseguraba: "El Ministerio de Propagada se ha convertido en el bastión de la necedad y de las fuerzas más retrógradas de China. (...) Si se le deja hacer daño impunemente, va a retrasar el progreso de la cultura política china, y a desacreditar completamente a millones de intelectuales chinos. Por eso hay que rebelarse contra el Ministerio de Propaganda, y atacarle".

Cuando faltan tres años para los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, las autoridades chinas siguen sin respetar el compromiso de dejar que los periodistas extranjeros trabajen libremente. Además de bloquear decenas de sitios extranjeros e informativos, la seguridad pública vigila a los corresponsales extranjeros y no duda en detenerles, ni en amenazar o pegar a quienes violen la sacrosanta "Guía de los corresponsales que trabajan en China". Así, en agosto, unos periodistas del periódico británico The Guardian y del finlandés Helsingin Sanomat, fueron detenidos por violar el artículo 15 de esa guía, que prohíbe realizar una entrevista sin autorización previa. En febrero, un equipo del canal francés de televisión France 2 fue detenido por la policía cerca de Pekín, tras haber grabado sin autorización la vacunación de unas aves, en plena epidemia de gripe aviar. Antes de dejar en libertad a los periodistas franceses, la policía les obligó a firmar un documento, en el que reconocían haber hecho un "rodaje clandestino". En agosto, policías chinos golpearon a unos fotógrafos de la prensa extranjera, durante un partido de fútbol.
Las autoridades de Pekín también han intentado poner al paso patriótico a los medios de comunicación de Hong Kong. Desde octubre, antes de cada informativo televisado se emite el himno nacional chino. Al principio del año, tres célebres presentadores de radio, cercanos a la oposición demócrata, dimitieron de sus puestos, a causa de las amenazas recibidas.

A pesar de todo, la prensa privada cada vez se priva menos de interpelar a los responsables sobre problemas sociales o tragedias tales como la muerte de 166 mineros, en noviembre, en la provincia de Shaanxi. "¿Por qué los sindicatos están afectados de mutismo cuando se habla de accidentes en las minas?", tituló el diario Dahe Bao, de la provincia de Henan.
Finalmente, hay algunos valientes redactores jefes que animan a sus reporteros a perder el miedo. Antes de que le detuvieran, Cheng Yizhong motivó a su redacción de la siguiente manera: "No hacemos un trabajo vulgar. Nuestra causa sorprende al cielo y la tierra. (...) ¿Está llano el camino para alcanzar la cumbre de la prensa china? Nuestras pretensiones y nuestro singular idealismo han entrado en conflicto con la fealdad y la suciedad de la realidad social". Pero el miedo ha vuelto a la profesión después de que, el 20 de octubre, inculparan por "divulgación de secretos de Estado" a Zhao Yan, colaborador del diario norteamericano New York Times y respetado ex periodista del semanario La Reforma en China. Podrían condenarle a muerte.

Balance de 2004

-  27 periodistas encarcelados
-  17 periodistas detenidos
-  65 medios de comunicación censurados
-  3 leyes represivas aprobadas

Testimonio

"China está privada del derecho a la libertad de expresión"

Liu Xiaobo, ex profesor universitario, tiene una idea fija: la prensa china debe convertirse en un contra-poder a la omnipotencia del Partido Comunista Chino. Por eso, se bate sin tregua por este principio universal, pide la libertad de los periodistas y disidentes encarcelados y publica panfletos en Internet, en los diarios de Hong Kong y en los de la diáspora china. Ha recibido el Premio 2004 de defensor de la libertad de prensa, concedido por Reporteros sin Fronteras y la Fundación de Francia.

Aunque, al menos de palabra, el poder comunista chino está en fase de pasar de la negación al reconocimiento de los derechos humanos, en la realidad la situación de estos derechos no inclina en absoluto al optimismo. En el plano de la libertad de prensa en particular, China sigue siendo un Estado policial, que conserva el monopolio de los medios de comunicación y ejerce un control estricto sobre la opinión.
China está privada del derecho a la libertad de expresión, no autoriza las divergencias políticas y prohíbe toda independencia de los medios de comunicación. Sus progresos políticos acusan un gran retraso en relación con su desarrollo económico, y con la evolución de las mentalidades. El país está repartido entre dos extremos, no solo entre la riqueza y la pobreza sino también entre la política y la economía. Se encuentra en una situación peligrosa, que se agrava día a día. Una situación sobre la que los propios chinos tienen que reflexionar, pero que también reclama la atención de la comunidad internacional.
Frente a la complejidad de las actuales relaciones internacionales y al desarrollo, muy rápido, de la economía china, en los países occidentales -cunas y defensores de la libertad- algunos políticos renuncian a sus principios, en nombre del beneficio. En el momento en que, plegándose ante la inmensidad del mercado chino y la atracción de los beneficios, descuidan la desastrosa situación de los derechos humanos en China, Reporteros sin Fronteras no cesa de luchar por el ideal de justicia universal, que es la defensa de la libertad de prensa. Con vuestra actuación habéis conseguido realmente que coincidan vuestro nombre y la realidad, considerando que la libertad de prensa no tienen fronteras y que la defensa de la libertad de prensa, y la lucha contra la noción de delito de opinión, tampoco tienen fronteras.
No habéis dejado de preocuparos por los presos de conciencia chinos. Habéis animado a los chinos para que se atrevan a decir públicamente la verdad, frente al poder dictatorial.
En los medios de comunicación oficiales chinos, el poder comunista condena a algunos amigos que se atreven a hablar. Pero, gracias a la globalización de la información y a Internet, han recibido el apoyo, los elogios y la bendición de la sociedad civil y de la opinión pública internacional. El premio que hoy recibo, incluso aunque se me ha concedido personalmente es, mucho más todavía, un premio concedido a la causa de la libertad de prensa en China.
La libertad de prensa en China tiene que ser el fruto de los esfuerzos continuados de los propios chinos, pero no puede prescindir del apoyo continuado de la justicia internacional. Para terminar, querría insistir en esto: quien quiere luchar por la libertad bajo un régimen de terror, en primer lugar tiene que expresarse públicamente, para dominar su terror interior. No hay que transformarse en un sujeto mudo, capaz solamente de someterse a la fuerza, sino convertirse en ciudadano que sabe expresarse de manera independiente. Frente a un poder fuerte que prohíbe la libertad, hay que ser un hombre libre, para hablar y actuar.

Pekín, noviembre de 2004



Introducción Asia - Informe anual 2005
Afganistán
Bangladesh
Birmania
Corea del Norte
Filipinas
India
Laos
Nepal
Pakistán
Singapur
Sri Lanka

por zona
Informe anual 2005 Africa
Informe anual 2005 Americas
Informe anual 2005 Asia
Informe anual 2005 Europa
Informe anual 2005 Oriente Medio