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Irak22.07.2003

Los medios de comunicación iraquíes tres meses después de la guerra : Una libertad nueva pero frágil

Hace tres meses que sopla un viento de libertad sobre la prensa iraquí. Desde hacía treinta y cinco años tenía una única razón de existir: glorificar al régimen y a su líder, Saddam Hussein. Hoy, proliferan los periódicos en Bagdad y en las principales ciudades del país. Aunque la radio y la televisión no están experimentando el mismo dinamismo, ni la misma efervescencia, ahora se permiten un verdadero pluralismo y una apertura hacia el mundo. Sin embargo, la inseguridad y lo volátil de la situación, el exceso de armamento entre la población, las luchas entre partidos y la ocupación militar de las fuerzas norteamericanas y británicas, no garantizan una total libertad de prensa a los periodistas, que practican una autocensura manifiesta. Pero hoy está admitida la crítica. Y también la diversidad de opiniones. En cuanto al futuro de los medios de comunicación iraquíes, se encuentra ampliamente en manos de la Autoridad Interina de la Coalición (Coalition Provisional Authority, CPA) y, de acuerdo con las prerrogativas que se le van a devolver, en las del Consejo transitorio de gobierno iraquí, nombrado el 13 de julio de 2003.

La sed de información de los iraquíes

Sorprende comprobar la sed de información de los iraquíes. Lo prueba su entusiasmo por las antenas parabólicas y los cibercafés.

En Bagdad habría una veintena de cafés de Internet, que ofrecen un acceso enteramente libre a la Red a través de los servidores de Erbil, en el Kurdistán iraquí (al norte del país). Una hora de Internet cuesta alrededor de dos dólares, un lujo que pocos iraquíes pueden pagarse. Sin embargo, esos cibercafés, que a menudo están gestionados por kurdos, no se vacían. Los usuarios navegan especialmente por los sitios de los periódicos árabes y de algunas organizaciones internacionales y humanitarias. Según el dueño de un cibercafé, los clientes buscan informaciones fiables, algo de lo han estado privados durante treinta y cinco años. Un signo de que los tiempos han cambiado es que unos biombos, colocados detrás de cada ordenador, preservan la intimidad de los internautas. Antes, los agentes del partido Baas (ex partido único) o de los servicios generales de Inteligencia -los Mukhabarat- vigilaban, por encima de sus hombros, para que no intentaran conectarse a los sitios prohibidos, tales como los correos privados (Hotmail, Yahoo, etc.). El único proveedor de acceso (Uruklink) era gubernamental.

La proliferación de almacenes de antenas parabólicas también ilustra ese deseo de apertura al mundo, y esa necesidad de información. "La gente prefiere ahorrar en la comida antes que privarse de la parabólica", explica un comerciante de la calle Karradeh Karej, en Bagdad. Los negocios marchan bien para él, como para las decenas de vendedores de parabólicas que ofician en todas las esquinas de la calle. "Ahora, incluso los zapateros venden parabólicas", dice otro comerciante. Una antena se paga entre 150 y 220 dólares. Esta suma equivale a la multa que se arriesgaba con Saddam Hussein si se descubría una parabólica -ilegal- en el fondo del jardín, o escondida en una caja de cartón en el tejado. El material era inmediatamente confiscado. A la segunda infracción comprobada, al particular le podía caer hasta un año de cárcel. En los periodos en que el régimen de Saddam Hussein temía especialmente las influencias exteriores, unos helicópteros se dedicaban a la caza de antenas. Así, en diciembre de 2002 las autoridades iraquíes reiteraron la prohibición de parabólicas, cuando se hacían más apremiantes las amenazas norteamericanas de una intervención militar en Irak. Según un vendedor de parabólicas, los iraquíes están ávidos al mismo tiempo de diversiones y noticias. En especial ven los canales extranjeros de información continua, así como los canales árabes por satélite (Al-Jazira, Al-Arabyia, LBC-Al Hayat).

Proliferan los periódicos en Bagdad

También resulta manifiesta la sed de expresión de los iraquíes. Los muros de la capital están llenos de graffitis y eslóganes políticos que, mayoritariamente, piden una salida rápida de los norteamericanos. Así, en el pedestal de la estatua de Saddam Hussein de la plaza Firdaus, derribada con ayuda de un tanque norteamericano y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, hoy se puede leer: "All done, go home" (El trabajo ha terminado, volved a casa).

Una auténtica explosión de cabeceras -más de ochenta y cinco publicaciones reseñadas desde el 1 de mayo- son testimonio de la frustración de una población, reducida al silencio y cebada con propaganda desde 1979. Eso sin contar los tabloides y los periódicos femeninos, deportivos, culturales, etc. En Bagdad hay muchas imprentas privadas. El papel se importa del extranjero, de China, de Brasil, o de otros lugares. La moratoria de tasas e impuestos, decretada por la Autoridad Interina de la Coalición (CPA) hasta el 1 de enero de 2004, permite reducir los costes de producción. En cuanto a los ingresos publicitarios, según varios periódicos son interesantes. Todos estos factores juntos crean un contexto favorable a la aparición de múltiples publicaciones. Y más aun porque muchos periodistas se formaron en los años 70-80, y existe una tradición real de prensa escrita en el país. En los años 20-30, la prensa iraquí no tenía nada que envidiar a la prensa egipcia o libanesa.

Algunas cabeceras ya han desaparecido, otras no sobrevivirán mucho. Pero parece que otras nuevas se crean regularmente. La mitad se dicen diarios. En realidad, solo una decena tiene capacidad para sacar una edición al día. La otra mitad de las cabeceras son semanarios, algunas de publicación aleatoria. El tono de esa prensa es generalmente crítico con los norteamericanos, en diversos grados de virulencia. Sin embargo, todos los periódicos observan los límites de lo que piensan que puede resultar aceptable para las fuerzas norteamericanas.

Una prensa politizada, pero no solo eso

Los periódicos se venden en los kioskos, o a voces. Cuestan entre 250 y 1.000 dinares (entre 25 céntimos y un dólar). Los periódicos religiosos son muy numerosos. También se encuentran periódicos deportivos (El-Nawles, Al-Malaab), periódicos especializados (prensa económica y cultural), y varios tabloides con nombres y colores con gancho. Los principales órganos políticos han creado o resucitado su periódico, para extender sus ideas. Al-Adala es el periódico de la Asrii (Asamblea Suprema de la Revolución Islámica en Irak), de Mohamed Bakr Hakim, el líder chiíta que ha regresado del exilio en Irán. El periódico Al-Manar, que existía desde 1945 y luego fue prohibido, está de nuevo en marcha. También es resueltamente crítico con las fuerzas anglo-norteamericanas. Al-Ittihad, de la Unión Patriótica del Kurdistán, de Jalal Talabani, y Taakhi (Fraternidad), del Partido Democrático Kurdo, de Masud Barzani, son los dos periódicos kurdos en árabe, distribuidos en Bagdad. Desde 1991 disfrutaban, en el Kurdistán iraquí, de una libertad desconocida en el Irak gubernamental. Estas dos cabeceras se dirigen a un público muy amplio, y parecen más bien favorables a los norteamericanos. Están bien instaladas, disponen de un buen conocimiento del terreno y pueden sacar una edición diaria, de ocho páginas cada una.

Pero el principal diario, el más voluminoso y más creíble a los ojos de la población es sin duda el de Saad El-Bazzaz, un ex director de la televisión iraquí con Saddam Hussein. Dimitió tras la guerra del Golfo, en 1992, y creó en Londres el periódico Azzaman (El Tiempo), en 1996. Aunque la redacción principal continúa estando en el Reino Unido, el periódico dispone de una amplia red de corresponsales y ha abierto oficinas en Bagdad, y en las principales ciudades del país. Afirma que tira y vende 30.000 ejemplares en Bagdad. Azzaman asegura ser el único periódico auténticamente "pluralista" del país, dando la palabra a todas las tendencias políticas. Su orientación, aunque nacionalista, es más bien favorable a los norteamericanos, cuyos soldados aparecen frecuentemente fotografiados sonriendo. Otra publicación de oposición, preexistente a la guerra y que ha regresado del exilio, Al-Mutamar (El Congreso). Este periódico se publicó antes en Siria y en el Kurdistán iraquí.

La joven Ishtar Al-Yasseri es una de las pocas mujeres redactora jefe de un periódico. Con su padre, que preside el comité de redacción, Ishtar Al-Yasseri publica una vez a la semana Habezbouz, un "periódico de información general, satírico, independiente, ni occidental ni oriental". Según ella, ya se ha doblado la tirada, pasando de 3.000 a 6.000 ejemplares. Habezbouz, cuyo nombre está sacado de un periódico satírico de los años 30, ridiculiza las dificultades de la vida cotidiana de los iraquíes, así como a las tropas anglo-norteamericanas. Uno de los dibujos del caricaturista Abdel Hassan, de 32 años, representa a una mujer con chador. El reportero de un canal árabe por satélite le pone el micrófono y le pregunta: "¿Cómo van los iraquíes?". Respuesta: "Todo va muy bien, solo nos faltan la seguridad, la comida y Saddam". Otra caricatura presenta a Paul Bremer, el administrador civil norteamericano en Irak, metiendo en un congelador una caja en la que está escrito "Democracia". El texto dice: "Realmente hace demasiado calor en este país".

Algo sorprendente es que la prensa extranjera se ve poco en Bagdad. El diario panárabe Al-Hayat es caro, y muy difícil de encontrar. En cuanto a los diarios de los emiratos (Al-Ittihad) o kuwaitíes (Al-Qabas), según los observadores se consideran pro-norteamericanos y, consecuentemente, se solicitan poco. Solo los periódicos mejor asentados, en primer lugar Azzaman, inspiran confianza a la gente. Parece como si los iraquíes siguieran concediendo más crédito a las informaciones televisadas por satélite que a las informaciones producidas por sus propios periodistas. Los medios de comunicación creados por la coalición no les inspiran ninguna confianza, y a la cabeza de ellos el único canal de televisión hertziana en Bagdad, que opera con el nombre de IMN, al que se apoda "la televisión de los norteamericanos".

Unos medios "independientes" creados por la coalición

La Red de Medios de Comunicación Iraquíes (IMN, Iraqi Media Network) se instituyó en enero de 2003. Está dirigida por Robert Reilly (hasta junio de 2003), ex director de la radio del gobierno norteamericano Voice of America, y Mike Furlog, que ya había trabajado para el Ministerio de Defensa norteamericano, en la cuestión de los medios de comunicación en la posguerra en Kosovo. A principios de junio de 2003, el decreto número 6, firmado por Paul Bremer, designa a la IMN como estructura interina que toma el relevo del Ministro de Información iraquí, disuelto en mayo. El preámbulo del decreto afirma querer "crear las condiciones para que el pueblo iraquí pueda desarrollar medios de comunicación libres, independientes, responsables y creíbles, para el pueblo iraquí". A IMN se le adjudicaron las instalaciones, los equipos y algunos cientos de empleados y periodistas que trabajaban en los antiguos medios gubernamentales. Despidieron a más de 5.000 funcionarios del ministerio. En realidad, departamentos enteros estaban dedicados a la propaganda oficial y a la inteligencia. IMN quiere ser "una estructura provisional que tenga la misión de crear nuevas infraestructuras, se ocupe de la formación de periodistas y siente las bases de una política pública, en el terreno de los medios de comunicación", según una de sus responsables.

Pero IMN es también un medio de comunicación, o mejor un grupo de medios. La misma responsable afirma que IMN se inspira en los modelos británico y norteamericano de la BBC (British Broadcasting Corporation) y de PBS (Public Broadcasting Service). Según ella, al final esos medios podrían privatizarse. Al día de hoy, IMN está compuesta por una televisión, dos radios y un periódico, As-Sabah (La Mañana).

La televisión IMN emite alrededor de seis horas de programación diaria, principalmente series, canciones folklóricas y partidos de fútbol. Los programas están cortados por anuncios de la coalición y mensajes de organizaciones internacionales, como Unicef. El informativo, de diez minutos de duración, se emite hacia las 19,30 horas, por primera vez. Y se repite al final de la noche. Según el redactor jefe Georges Mansur, un periodista exiliado que colaboró con Radio Free Irak, Azzaman y Voice of Irak (radio con sede en Arabia Saudí), el informativo lo realizan una veintena de reporteros, que investigan sobre el terreno y utilizan Internet como otra fuente de información. El boletín informativo goza, según él, de total independencia. No menciona las cassettes de informaciones producidas en Estados Unidos, y proporcionadas por la coalición. En realidad, los boletines informativos dedican gran espacio a las declaraciones de Paul Bremer, y a las actuaciones de la Autoridad Interina de la Coalición (CPA).

A Georges Mansur le gusta repetir que está construyendo una televisión hecha "por los iraquíes para los iraquíes". Un periódico se ha burlado del acento de los presentadores del canal. Oyéndoles hablar queda claro que algunos han vivido mucho más tiempo en Canadá o en Londres que en Irak, ironizaba el periódico. Georges Mansur contesta vivamente estas críticas y reafirma que todos los periodistas de IMN son "auténticos iraquíes". "Yo tengo el mismo acento que cuando dejé mi país, hace 28 años", replica. De hecho, IMN disfruta hoy de un casi monopolio de difusión en la red hertziana de Bagdad. El servicio en árabe de la televisión iraní Al-Alam, que emite desde Irán, es el único canal extranjero que se puede coger sin instalación de parabólica, en algunos lugares. El Kurdistán iraquí, al norte del país, cuenta desde 1991 con varias televisiones locales y una televisión por satélite. Queda un largo camino por recorrer antes de que alcance a todo Irak ese pluralismo en la televisión.

El paisaje radiofónico en Bagdad está sensiblemente más diversificado que el paisaje televisivo. La radio IMN, creada por las fuerzas de la coalición, emite 24 horas al día en AM, y ocho horas diarias en FM. Sus estudios, situados en el antiguo Palacio de Congresos de Saddam Hussein, están custodiados por soldados norteamericanos, y allí no entra quien quiere. La BBC, Radio Sawa y RMC-Oriente Medio son, en realidad, las radios más escuchadas. La BBC emite en FM en la capital iraquí desde hace poco, y no parece que haya necesitado ninguna autorización para hacerlo. RMC-MO emite en FM en Bagdad desde el 13 de julio de 2003, en la frecuencia 93,5. En cuanto a la radio internacional francesa RFI, también piensa emitir próximamente en FM. Desde hace tres meses, han aparecido otras radios privadas, locales o políticas. Sin embargo, son marginales y poco audibles.

El periódico As-Sabah (La Mañana) está instalado en los antiguos locales de Az-Zaura. Así se llamaba el periódico del Sindicato de Periodistas presidido por Udai, el hijo mayor de Saddam Hussein, que impuso el terror entre los periodistas. Ismael Az-Zayer, redactor jefe, trabajó en el diario Al-Hayat y formaba parte del Foro de Periodistas Iraquíes. La redacción, alrededor de 80 personas, está compuesta de periodistas que trabajaron en Irak bajo Saddam Hussein, incluida una decena de mujeres. Ismael Az-Zayer se felicita por la rapidez de los progresos logrados por sus periodistas, y no escatima elogios al respecto. Afirma que ya no están vigentes los antiguos métodos de trabajo, prima la investigación. Y continúa: "Acepté la financiación de la coalición con una única condición: nada de censura, nada de presiones. Mi periódico ya podría ser independiente económicamente, pero hace falta un poco de tiempo". De momento, el periódico solo se publica dos o tres veces por semana. Un oficial de IMN confirma la ausencia de censura, pero matiza un poco las declaraciones de Ismael Az-Zayer: "Nosotros pagamos los salarios y los coches. As-Sabah es el periódico de la IMN".

Una nueva libertad amenazada por la inseguridad

Pero aunque las cosas han cambiado radicalmente desde el 9 de abril de 2003, fecha de la toma de Bagdad por el ejército norteamericano, los periodistas iraquíes todavía no se sienten enteramente libres para expresarse, o tratar la información como desean. Las primeras fuentes de presiones son el miedo de los partidos y la inseguridad, que les empujan a tener cuidado con sus escritos. Además, se niegan a hablar de una "prensa libre" en un país "bajo ocupación extranjera". El decreto número 7 adoptado por el administrador civil norteamericano Paul Bremer, a finales de junio de 2003, prohibe y reprime, entre otras cosas, la incitación a la violencia contra las fuerzas de la coalición, así como la incitación al odio étnico, racial o religioso. Aunque solo se ha utilizado dos veces, para cerrar una radio y un periódico, el decreto planea como una sombra sobre la cabeza de los periodistas iraquíes.

Nabil Jassem es un joven periodista iraquí. La sede de su periódico, Al-Aswaq (Los Mercados), es una simple habitación con las paredes desnudas, con un enorme ventilador en el techo, un escritorio y un ordenador. Al-Aswaq, 10.000 ejemplares según el periódico, consigue publicar dos ediciones semanales. Nabil Jassem solo ha conocido la dictadura de Saddam Hussein, pero sus esperanzas en términos de libertad son muy claras. "Antes, hacer este trabajo era como caminar por la cuerda floja", dice el periodista. "Hoy tenemos mucha más libertad. Es incontestable. Pero no es todavía la libertad que se necesita, porque hay demasiadas presiones sobre los periodistas". Nabil Jassem evoca el temor a represalias de los partidos políticos, y de los baasistas. Aunque las autoridades sólo ha autorizado a conservar sus milicias a la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y al Partido Democrático Kurdo (PDK), los periodistas temen que, si leen una crítica que les disguste, los partidos ataquen a la redacción del periódico. Algunos líderes políticos acusan a los periodistas de ser "saddamiya" (quienes desean el regreso de Saddam Hussein). El elevado número de armas de fuego y la falta de policía no son un aliciente para los reportajes en determinados lugares, o sobre temas tabúes (tribus influyentes, mujeres, religión). Las grabaciones atribuidas a Saddam Hussein, recientemente emitidas por los canales árabes por satélite, también han reavivado el espectro del dictador, todavía muy presente en los ánimos. Finalmente, las limitaciones impuestas por los norteamericanos provocan una cierta prudencia en los periodistas iraquíes.

Dos incidentes del mes de julio de 2003, que tienen que ver con armas de fuego y han causado la desaparición de dos periodistas, ilustran los peligros que persisten en el trabajo en Irak. Un periodista británico murió en Bagdad, el 6 de julio de 2003, en circunstancias poco claras. Richard Wild, camarógrafo free-lance que había trabajado para el canal ITN, murió de un balazo en el cuello cuando se encontraba delante de la Universidad de Bagdad, donde se habían reunido numerosos estudiantes. Según el diario en lengua kurda Khabat, publicado por el Partido democrático Kurdo (PDK), el director de la oficina de Mosul del canal Kurdistan Satellite TV, Ahmad Karim, murió el 2 de julio de 2003 por la noche, durante una confrontación armada. Su asistente, Hoshyar Ahmad, resultó herido en el incidente.

Vigilar las restricciones impuestas por la Autoridad Interina de la Coalición

Ejemplo de una prensa iraquí que se permite críticas a las fuerzas coalición: un artículo hacía una comparación entre el comportamiento de Saddam Hussein y el de Paul Bremer. El artículo acusaba al administrador civil norteamericano de adoptar los mismos gestos "totalitarios" que el dictador derrocado: no escuchar al pueblo, promulgar decretos arbitrarios. Sin embargo, el artículo era anónimo porque su autor había pensado manifiestamente que más valía no firmarlo. Esta anécdota ilustra la postura de los periodistas iraquíes: observar y permanecer prudentes, en espera de saber como van a interpretar los norteamericanos el concepto -elástico- de "incitación a la violencia".

El decreto sobre los "medios de comunicación hostiles" (número 7), adoptado en junio por Paul Bremar, prohibe la incitación a la violencia contra las fuerzas anglo-norteamericanas, y contra las minorías étnicas y religiosas. Designa al mando de las fuerzas de la coalición como la "instancia de vigilancia de los medios de comunicación". Este, está encargado de "crear un registro de los medios privados, y exigir de ellos una autorización, para empezar a emitir o a publicar". El decreto sobre los "medios hostiles" autoriza a las fuerzas armadas a efectuar registros y a retirar las mencionadas autorizaciones, en caso de infracción a nueve prohibiciones explícitas: "Incitación o potencial incitación a la violencia contra las fuerzas ocupantes"; "incitación al odio racial, étnico o religioso"; "promoción de desórdenes públicos, motines o robo"; "apoyo al partido Baas"; "incitación a la modificación de las fronteras de Irak, por medios violentos", etc. El último punto se refiere a la "prohibición de difundir informaciones falsas y calculadas, con el objetivo de desacreditar a la Autoridad Interina de la Coalición". Las sanciones previstas son el embargo y el cierre del medio, así como una pena de cárcel, dictada por "las autoridades competentes", que puede llegar hasta un año de cárcel. El medio de comunicación puede "apelar escribiendo a la Autoridad Interina ". "Queremos una prensa libre", aseguró un portavoz de la Autoridad Interina norteamericana, el 11 de junio de 2003, indicando que el decreto "no tiene como objetivo restringir esa libertad, sino limitar el recurso a la violencia (...) y preservar la seguridad en Irak". Aunque un decreto como éste parece necesario, a la vista de la inestabilidad política en el país, queda por saber si las fuerzas de la coalición harán una interpretación razonable o, por el contrario, excesiva, de la noción "incitación a la violencia". A falta de un sistema judicial, solo el ejército norteamericano o a la Autoridad Interina de la Coalición (CPA) están autorizados para perseguir y condenar a los medios de comunicación. La coalición es pues, a la vez, juez y parte. Vigila, penaliza y eventualmente reprime, por ofensas contra ella. El procedimiento de apelación es poco convincente. No prevé la intervención de una instancia independiente de las fuerzas de la coalición, porque el único procedimiento de apelación es una carta de protesta a la Autoridad Interina. Al día de hoy, dos medios de comunicación han quedado suspendidos, en nombre del decreto. El primero es una radio, Sawt Bagdad (La Voz de Bagdad), cerrada un mes después de sus inicios. Cercana a Mohamed Mohsen Al-Zubaidy, que se autoproclamó prefecto de Bagdad y fue rápidamente cesado por los norteamericanos, habría animado a la población a desvalijar los bancos. El segundo sería un periódico chiíta cerrado en la ciudad de Nayaf. La prensa iraquí anunció, el 16 de junio de 2003, que las fuerzas de la coalición habían cerrado el periódico del Consejo Supremo de la Liberación de Irak (partido chiíta), Sada Al-Umma (El eco de Umma). Finalmente, les falta cruelmente trasparencia a los criterios y el procedimiento de registro y autorización para emitir o publicar. Aunque, hasta la fecha, tanto los periódicos como las radios y las televisiones locales iraquíes han empezado a funcionar sin autorización previa, esta situación podría cambiar en el futuro. Por tanto, es importante vigilar cual será la política de autorización de las fuerzas de la coalición, y que no se produzcan discriminaciones o prohibiciones específicas contra determinados medios de comunicación.

También debe observarse muy de cerca la actitud de los soldados de la coalición sobre el terreno. Desde el final de la guerra, una de las más mortíferas para los periodistas -diez periodistas muertos, al menos otros diez heridos y dos colaboradores del canal británico ITN, Fred Nérac y Hussein Othman, desaparecidos desde el 22 de marzo de 2003-, se han notado algunos comportamientos hostiles para con la prensa. El 11 de julio de 2003, la televisión pública iraní Al-Alam protestó porque unos militares norteamericanos tuvieron detenidos durante varias horas, en la comisaría de policía, a dos de sus periodistas. Según el canal, los periodistas fueron detenidos cuando filmaban en el centro de la ciudad de Bagdad. Les confiscaron la película. Otros enviados especiales extranjeros, fotógrafos o camarógrafos, han declarado haber encontrado trabas, especialmente cuando filmaban manifestaciones iraquíes, dirigidas contra las fuerzas de la coalición. Ultimamente, la policía iraquí ha detenido, en dos ocasiones, a un equipo de la televisión por satélite Al-Jazira. Los días 17 y 18 de julio de 2003, en Ramadi (oeste de Bagdad), la policía iraquí retuvo, durante varias horas, al corresponsal de Al-Jazira, Abdel Azim Mohamed, a otro periodista y a un camarógrafo, y les acusó de "incitación a la violencia" antes de soltarles.

Conclusión

Para el futuro, resulta muy positivo y prometedor constatar el dinamismo de la prensa escrita en Irak. Después de treinta años de reinado del partido único (Baas), hoy existe un verdadero pluralismo, en este terreno. La información que se produce localmente tiene todavía que ganar en profesionalidad, para aumentar su credibilidad a los ojos de los iraquíes, pero hoy está liberada de la propaganda oficial. Aunque las fuerzas anglo-norteamericanas orientan y controlan -al menos en parte- la línea editorial de los medios de comunicación que financian, tienen que permitir que el pluralismo, ya efectivo en la prensa escrita, se amplie a la televisión y a la radio. Aunque de momento no haya que señalar ningún problema, habrá que vigilar la política de concesión frecuencias, cuando se creen nuevas televisiones y radios.

Los periodistas iraquíes necesitan, como el conjunto de la población, sentirse seguros. Solo una vuelta rápida al orden y a la seguridad les permitirá trabajar con total libertad, de manera profesional y sin recurrir a la autocensura. Hoy no es todavía el caso, entre otras cosas por falta de medios de comunicación operativos y frente al peligro de los desplazamientos por el país. El recurso de los partidos políticos a la violencia, para arreglar sus diferencias, no hace otra cosa que aumentar este sentimiento de inseguridad.

A estos problemas se añade un marco jurídico rudimentario, que no proporciona garantías reales a los periodistas iraquíes. Bien al contrario, el decreto sobre "los medios de comunicación hostiles", adoptado por la Autoridad Interina de la Coalición, propicia la autocensura. De hecho, las nociones de "incitación a la violencia contra las fuerzas de la coalición", o de "incitación al odio étnico y religioso", no están claramente definidas, y el mando de las fuerzas de la coalición es el único autorizado para decidir qué constituye una "incitación a la violencia". El procedimiento de apelación no resulta creíble, y es altamente improbable que pueda permitir la reapertura de un medio cerrado por el mando de las fuerzas coalición. Aunque, a fecha de hoy, no haya que lamentar ninguna interpretación excesivamente severa del decreto número 7, se impone la vigilancia respecto a la actitud que observarán las fuerzas de la coalición, sobre todo si su presencia en Irak tuviera que enfrentarse con una contestación más fuerte, o más violenta.

Reporteros sin fronteras recomienda que, en un futuro próximo, se inicie el trabajo reglamentario y legislativo, para llenar el vacío actual y reemplazar las draconianas leyes dictadas por Saddam Hussein por unos textos respetuosos con los valores liberales y democráticos. Cerca de setenta expertos iraquíes, árabes, norteamericanos y europeos, han redactado un proyecto de ley, que se discutió en Atenas, a principios de junio de 2003, en una primera conferencia apoyada por el gobierno norteamericano. Es deseable que se celebre rápidamente en Irak una nueva conferencia, que reúna a expertos y responsables locales, para discutir, enmendar y adoptar un marco jurídico completo. El ex director de la IMN, Robert Reilly, se comprometió en Atenas a conseguir que se aprobara el documento presentado en Atenas. Su súbita marcha, en junio, puede hacer temer retrasos en la puesta en marcha de un verdadero marco jurídico, claro y completo.

Deben aclararse los objetivos y las prerrogativas de la IMN. No puede continuar siendo por más tiempo una estructura híbrida, a la vez conglomerado de medios de comunicación y "ministerio interino". ¿Debería evolucionar hacia un medio de comunicación público, un Ministerio de Información o Comunicación, una instancia de regulación o un lugar de elaboración de las políticas públicas, en materia de medios? A pesar de su vocación de ser una estructura interina, el papel y las prerrogativas de la Iraq Media Netwok deben aclararse, y probablemente redefinirse, lo antes posible.



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