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Israel30.07.2003

La actitud del ejército israelí: Lamentos, pero no auténticas investigaciones

Dos periodistas muertos por disparos en el espacio de quince días

El 3 de mayo de 2003, Día Internacional de la Libertad de Prensa, las agencias de prensa anunciaban la muerte de un periodista británico en Rafah, al sur de la Franja de Gaza. Reconocido documentalista varias veces premiado, James Miller, de 34 años, murió de un disparo en el cuello.

Quice días antes, un camarógrafo encontró la muerte en los Territorios palestinos reocupados, desde la primavera de 2001, por Tsahal, el ejército israelí, hoy rebautizado como "Fuerzas de Defensa Israelíes" (IDF en inglés). Nazeh Darwazi, de 44 años, que trabajaba desde hacía dos años en la agencia de prensa televisual norteamericana APTN, murió de un disparo en la cabeza mientras filmaba un enfrentamiento entre palestinos y el IDF, en la ciudad vieja de Naplusa, al norte de Cisjordania.

Nazeh Darwazi era palestino. Cubría habitualmente los enfrentamientos diarios entre israelíes y palestinos, en los Territorios ocupados. Llevaba una chaqueta amarilla fluorescente, lo que le identificaba como periodista, en el momento de su muerte. También estaba acompañado de cuatro fotógrafos y camarógrafos palestinos, que igualmente trabajaban para medios de comunicación locales e internacionales.

James Miller era ajeno a este conflicto que, desde septiembre de 2000, ha causado más de 3.300 víctimas. Ciudadano británico, realizaba un documental sobre el impacto del conflicto en los niños, para el canal norteamericano de televisión Home Box Office (HBO). Había trabajado, entre otros, para Channel 4 News, la BBC y CNN, en muchos países de riesgo, como Afganistán, Bosnia, Sierra Leona, Sudán o Uganda. James Miller y su equipo llegaron a la Franja de Gaza el 16 de abril. En su último día de rodaje, habían visitado a una familia palestina, para filmar las reacciones de una niña frente a la demolición de casas en Rafah. Consciente de los peligros inherentes a cualquier reportaje en el sector, James Miller, lo mismo que todo el equipo, llevaba un casco y un chaleco antibalas, marcados "TV". Cuando le mataron, por la noche, intentaba identificarse ante los militares con la luz de una antorcha y una bandera blanca, que sujetaba uno de sus colegas! .

Un estudio precedente de Reporteros sin Fronteras se dedicó al caso de los cuarenta y cinco periodistas heridos de bala en los Territorios ocupados, entre septiembre de 2000 y agosto de 2001. Esa gran investigación se preocupó por la repetida violencia con los periodistas, y lamentaba la falta de investigaciones y de sanciones, tras esos incidentes. Al ejército israelí, se le propusieron doce medidas concretas, destinadas a reforzar la seguridad de los periodistas. Reporteros sin Fronteras exhortó a los IDF a adoptar esas medidas preventivas o, en caso contrario, ver como se agravaba el fenómeno y tener que lamentar, en el futuro, la muerte de periodistas. Desde entonces, han muerto cinco . En todos los casos, los testigos afirman que el ejército abrió fuego, en circunstancias que no eran de legítima defensa. Por lo que conoce Reporteros sin Fronteras, la muerte de los tres periodistas fallecidos en 2002 no dio lugar a serias investigaciones. El IDF nunca ha reconocido su culpabilidad en los hechos. No se ha hecho pública ninguna sanción.

Tras la seguridad de los periodistas que trabajan en los Territorios ocupados se esconde un gran reto político. En efecto, en nombre de la seguridad, el ejército israelí impone restricciones a los periodistas, especialmente a los palestinos, que trabajan en Cisjordania y en Franja de Gaza. Los oficiales israelíes no escatiman críticas sobre la cobertura que hace la prensa extranjera del conflicto . Esta niega esas acusaciones y reprocha a las autoridades israelíes intentar restringir el acceso a la información, y orientar su tratamiento. Hay quien llega incluso a acusar al ejército israelí de tomar "deliberadamente" a los periodistas como blancos. Es importante, pues, estudiar estos dos casos ejemplares de periodistas muertos, tanto para establecer las condiciones de su muerte como para conocer la posterior actitud del ejército israelí.

El procedimiento previsto por el ejército israelí para los casos de muerte de civiles en circunstancias disputadas, se aplica también a los periodistas, para quienes no existe un procedimiento específico. Los primero elementos de la investigación los recoge, sobre el terreno, el superior jerárquico que está al mando de la unidad implicada en el incidente. El procedimiento no establece ningún plazo para llevar a cabo esa investigación preliminar. Después se envía un informe a un superior jerárquico, normalmente un oficial superior, así como al Fiscal militar quien puede decidir, sobre la base del informe u otros elementos, adoptar algunas "medidas disciplinarias y no judiciales". En el caso de que "se sospeche una actitud criminal(...), la policía militar puede abrir una investigación , que puede terminar en el tribunal militar". El factor determinante para la apertura de una investigación es, según el ejército, la sospecha de que "se ha cometido una seria desviación en re! lación con la conducta reglamentaria".

Tras la muerte de los dos periodista, el IDF declaró que se iba a investigar en profundidad. En mayo, Reporteros sin Fronteras envió a Israel, durante seis días, a una periodista independiente, para que efectuara "una investigación sobre la investigación". El principal objetivo era saber sobre todo cómo procedía el ejército en las investigaciones anunciadas, y conocer sus progresos.

El 29 de abril de 2003, Reporteros sin Fronteras dirigió un correo al Ministro de Defensa israelí, Saul Mofaz, pidiendo algunas informaciones específicas sobre la investigación relativa a la muerte de Nazeh Darwazi. Le siguió un segundo correo, con idéntica demanda, esta vez sobre las circunstancias de la muerte de James Miller. El 15 de mayo, la investigadora de Reporteros sin Fronteras repitió las demandas, en la oficina de relaciones con las organizaciones no gubernamentales. Un primer portavoz del IDF, y luego un segundo, fueron muy amables pero mostraron poca disponibilidad. El ejército israelí no dio una respuesta hasta el 30 de mayo.

Aunque larga y formal, no aporta ningún elemento nuevo. Tras las fórmulas habituales ("investigación en curso"), el IDF eludía las preguntas específicas sobre los casos de Nazeh Darwazi y James Miller. El ejército no respondía a la pregunta explícita de Reporteros sin Fronteras, de poder entrevistarse con las personas encargadas de esos dos casos. Imposible tampoco conocer las etapas del procedimiento, ya realizadas. En cuanto a los pasos "a dar tras el cierre de las investigaciones", una vez más el ejército lo dejó sin respuesta.

Reporteros sin Fronteras ha intentado saber cuales han sido las investigaciones llevadas a cabo por el IDF. Para ello, la organización ha preguntado a testigos de los dos casos, así como a especialistas del ejército israelí (abogados, periodistas, etc.). Respecto a las circunstancias de la muerte de Nazeh Darwazi, un militar destinado en Naplusa solicitó testimoniar, conservando el anonimato. Algunos contactos regulares con la familia de James Miller han permitido también conocer los progresos de las diligencias, en este segundo caso.

1. Las circunstancias de la muerte de Nazeh Darwazi

1.1. Una investigación enmarañada

Nazeh Darwazi, camarógrafo de la agencia APTN, murió hacia las nueve de la mañana del 19 de abril de 2003, en la ciudad vieja de Naplusa. Falleció instantáneamente, de un disparo en plena cabeza. Iba acompañado de otros cuatro periodistas palestinos: Billal Banna, Hassan Titi, camarógrafo de Reuters, Sami Al-Assi, camarógrafo de Nablus TV y Abed Qusini, fotógrafo de Reuters. Existen tres grabaciones de vídeo de la escena.

Según los testigos, el disparo que le mató procedía de un soldado israelí, situado tras un tanque immobilizado contra un muro. Lo efectuó en un momento en que no había disparos, ni más ataques de pedradas contra la unidad israelí.

Según el ejército "una investigación preliminar ha establecido que un vehículo blindado resultó bloqueado cerca de la casbah, mientras el ejército procedía a algunos registros en el lugar, para detener a terroristas buscados, cuando una multitud de palestinos lo atacó con un arma automática, algunos artefactos explosivos, piedras y botellas incendiarias". El comandante Sharon Feingold declaró no saber con precisión de donde procedían los disparos contra los soldados israelíes, y añadió: Los profesionales de los medios de comunicación van con conocimiento de causa a las zonas peligrosas de combate, poniendo en peligro a nuestros soldados y poniéndose ellos mismos en peligro". El ejército israelí anunció el mismo día la apertura de una "investigación en profundidad".

Desde entonces, el IDF no ha hecho ninguna declaración relativa a las circunstancias de la muerte de Nazeh Darwazi. A finales de mayo, el ejército no podía "proporcionar" ningún elemento nuevo a Reporteros sin Fronteras, como precisa en un correo: "En espera de las conclusiones de los estudios en curso, no puedo hacer ningún comentario (...). Reporteros sin Fronteras ha podido establecer que, aunque el ejército israelí no ha sido insensible a la muerte del camarógrafo Nazeh Darwazi, se ha contentado con un simple briefing militar. No se ha efectuado la autopsia del cuerpo del periodista. Como establece la tradición musulmana le enterraron, la misma tarde, en un cementerio de la ciudad. No parece que el ejército israelí pidiera practicar una autopsia. También es poco probable que lo pidiera la familia de Nazeh Darwazi, dada la desconfianza de la población palestina hacia el IDF, en este tipo de incidentes.

El ejército israelí no ha efectuado una reconstrucción de los hechos que, por otra parte, es difícil de realizar. En cambio, le habría resultado fácil escuchar a los testigos -al menos en número de cuatro- dispuestos a contar su versión de los hechos.

La mañana de su muerte, Nazeh Darwazi iba acompañado de cuatro colegas palestinos. Uno de ellos, Abed Qusini, es fotógrafo de la agencia Reuters. Declara que, alrededor de tres semanas después de los hechos le buscó el ejército israelí, no para escucharle en buena y debida forma, sino más bien "con voluntad de apaciguamiento", por parte del IDF. La cita, para una entrevista con un oficial superior destinado en Naplusa, parecía encaminada a preservar las relaciones cordiales, e incluso amistosas, que se han establecido en la ciudad entre el ejército israelí y la prensa palestina. Según Abed Qusini, el oficial israelí les habría dicho, a él y a los otros periodistas, testigos de los hechos: "Si sé que uno de mis soldados es culpable (de la muerte de Nazeh Darwazi), le meto en la cárcel".

Pero el oficial también habría afirmado poseer una grabación, que atestigua la presencia de un tirador palestino, en la casa ante la que se habían refugiado los periodistas. Abud Qusini dice que entonces se enfadó y pidió ver ese vídeo. Después, los eriodistas manifestaron sus quejas de los militares. "El comandante nos dijo que tuviéramos cuidado, que lleváramos los chalecos amarillos marcados "Prensa", y nos preguntó por qué nos acercábamos tanto a los tanques. Nos garantizó que daría órdenes a sus hombres, para facilitar nuestro trabajo", cuenta Abed Qusini. Según él, el oficial israelí tomó notas, durante toda la entrevista.

Aunque se puso en contacto con los periodistas testigos del incidente, el IDF nunca ha contactado con Naela, la mujer de Nazeh Darwazi. La entrevista con un soldado destinado en Naplusa, que aceptó hablar guardando el anonimato, ha permitido establecer que el ejército visionó una o varias grabaciones de vídeo. Muy probablemente se ha interrogado a los soldados de la unidad implicada, pero no se ha hecho público ningún informe de la investigación, cuando han pasado ya tres meses de los hechos. La postura oficial del IDF es, como el 19 de abril de 2003, la de los lamentos y la legítima defensa.

1.2 Los hechos establecidos por Reporteros sin Fronteras

Nazeh Darwazi no era el primer periodista de la agencia APTN alcanzado por disparos en los Territorios palestinos. El 19 de abril de 2003, Nigel Baker, director de información de APTN pidió, al ejército israelí, "una investigación completa y exhaustiva para establecer la causa de esta muerte inútil". El presidente de AP, Louis D. Boccardi, declaró "que la familia AP sentía una enorme pena por la muerte de este colega, talentoso y valiente". Consciente de la lentitud y las imperfecciones de las investigaciones israelíes, la agencia de prensa norteamericana decidió efectuar sus propias investigaciones. Rápidamente envió un experto militar a Naplusa, para encontrar indicios en el lugar de los hechos, y hablar con los testigos. Según Abed Qusini, que se entrevistó con ese investigador privado, la distancia entre el tirador y la víctima era de alderedor de 17 metros. Por tanto, al camarógrafo le mataron a corta distancia.

Esa evaluación concuerda con la de los testigos. Además, todos afirman que no había ningún tirador palestino, ni lanzador de cócteles molotov en el lugar, en el momento del disparo que mató a Nazeh Darwazi. Según ellos, sólo un soldado israelí podía estar situado tras el carro inmovilizado, del que habría partido el disparo.

Reporteros sin Fronteras ha recogido el testimonio completo del fotógrafo de Reuters:

"A las ocho y veinte de la mañana dos tiradores palestinos actuaban en una calle de la que salía una alameda, donde más tarde abatieron a Nazeh. El ejército les respondía. Nosotros estábamos a un centenar de metros del ejército. Nazeh decidió subir más arriba en la alameda. En aquel momento, no había tanques. Hacía las ocho y media apareció un tanque en lo alto de las escaleras. Escuché disparos en el aire, para dispersar a la gente. El tanque avanzó arrastrando tras él, con un cable ,a un segundo tanque, que se inmovilizó contra el muro de una casa. Más de una decena de jóvenes arrojaban piedras sobre el segundo tanque. Se acercó un muchacho y empezó a triturar la caja de herramientas que se encuentra en el exterior de los tanques. No conseguía abrirla, y se hirió al escapar. Los socorristas de la Cruz Roja le llevaron hasta una ambulancia, que esperaba bajo las escaleras. Como aumentaban los tiros, nos refugiamos en un portal, del lado izquierdo de la alameda. Nazeh era un poco más alto que yo; yo estaba detrás de él. Alrededor de las nueve, vimos aparcar detrás del tanque a un jeep Hummer. Yo me disponía a fotografiar a un chico herido de metralla en la pierna. Nazeh hacía lo mismo, volvió su cámara hacia el bajo de las escaleras. Luego vi a un hombre vestido de oscuro -debía ser un soldado- situándose cerca del tanque inmovilizado. Había salido del jeep y había ido y vuelto, del primero al segundo tanque. Pensé que solo había un soldado. Veía sus piernas. También él nos debió ver. Se escuchó un disparo, y pocos segundos después vi a Nazeh tirado en el suelo. Le habían dado en la cabeza, por detrás. Inmediatamente supe que estaba muerto"

Este testimonio habla de tiradores palestinos, una media hora antes de los hechos. En torno a las nueve horas, Abed Qusini solo habla de pedradas, por parte de los palestinos.

Reporteros sin Fronteras pudo interrogar, manteniendo el anonimato, a un soldado israelí destinado en Naplusa. Se trata de un testigo indirecto, que precisa que no estaba con la unidad implicada en el incidente. "Por lo que he escuchado, cuando el carro quedó atascado, uno de los soldados decidió hacer unos disparos de advertencia, y Nazeh tuvo mala suerte". Ese soldado tenía mucho interés en repetir que estaba "desolado" por lo ocurrido, calificando los hechos de "desgraciados". Según él, "el soldado disparó con la arma en su cadera, y no tenía buena visibilidad". Añadió que había escuchado que unos tiros alcanzaron al jeep, lo que podría explicar el disparo. El soldado también contó: "Yo he visto la grabación. Se ve como un muchacho coge un cable telefónico del tanque. Incluso se sube al tanque. Según el reglamento, esa es una razón para disparar, a las piernas o al estómago. En esa ocasión, escapó sin heridas".

Así, ese soldado reconoce que se trató de un disparo israelí, efectuado desde el lado y sin visibilidad. Pero, ninguna declaración oficial dice que se cometió un error.

Reporteros sin Fronteras también se entrevistó en Naplusa con Naela Darwazi,la mujer del camarógrafo fallecido. Convencida de que ninguna gestión dará resultado, y no sabiendo realmente qué hacer para pagar los gastos de la justicia, particularmente elevados en Isarael, la familia no piensa recurrir a la justicia. Naela Davazi explicó que su marido tenía la costumbre de decir: "Los soldados israelíes quieren atemorizarnos, pero no quieren matarnos". Según su mujer, conocía bien a los militares israelíes y a los combatientes palestinos, y las costumbres de unos y otros, así como la ciudad de Naplusa, donde había crecido.

El 22 de abril, el diario israelí Haaretz dedicó un amplio artículo a este asunto. La periodista Amira Hass confirmó que Nazeh Darwazi era un camarógrafo habituado a las particulares condiciones de trabajo en los Territorios palestinos: "Mantenerse a buena distancia de los combatientes armados y de los lanzadores palestinos de piedras, estar suficiente descubierto como para que los soldados no te confundan con un combatiente, permanecer inmóvil en lugar de correr en las alamedas y en los tejados, como hacen los francotiradores". El artículo subraya que, "frente a los repetidos incidentes con el ejército (acoso en los controles, palizas, obstrucción y heridas de bala), los periodistas palestinos han adquirido la costumbre de trabajar en grupo, lo que les procura una gran visibilidad, y un sentimiento de seguridad".

Finalmente, Reporteros sin Fronteras ha estudiado las imágenes de la escena, grabadas por Hasan Titi de Reuters, Sami Al-Assi del canal local Nablus TV, y el propio Nazeh Darwazi. Proporcionan mucha información y parecen excluir la hipótesis de un disparo procedente de una dirección distinta que el carro israelí inmovilizado.

Los vídeos muestran a una quincena de jóvenes palestinos, entre ellos algunas chicas, en una alameda en escalera. De una calle perpendicular llega un carro israelí. Los jóvenes le tiran piedras. Se escuchan algunos disparos y la calle se vacía. Solo queda un joven lanzando piedras. El primer carro, cuya parte trasera está ligeramente incendiada, tira de un segundo carro, que se inmoviliza contra un muro. Un joven palestino sube a él, e intenta arrancar un cable telefónico. Se escuchan disparos. Algunas balas dan, en lo alto, en la esquina de una casa. Poco después, un coche aparca detrás del segundo tanque. Del vehículo sale una silueta que se aproxima al primer tanque, por el lado derecho. El hombre pasa a la izquierda, regresa al coche y, de nuevo, a la derecha hacia el tanque. Otro joven está herido, luego se lo llevan unos socorristas y un hombre que lleva una camida de cuadros.

Las imágenes grabadas por Nazeh Darwazi muestran al carro inmovilizado contra el muro, y las piernas de un hombre que camina detrás del carro. Luego la cámara sigue al herido, transportado por el hombre con la camisa a cuadros. Bajan las escaleras. Un disparo prolongado. Ultima imagen de la grabación.

La cámara de Reuters siguió la acción entre los lanzadores de piedras y los soldados en los carros. También ahí se ve a un hombre caminando desde de un coche, situado detrás del segundo carro, que va y viene en dirección al primer carro. En las imágenes se ve como el hombre se esconde detrás del carro inmovilizado, entre la delantera de éste y el muro de la casa. En el momento en que se escucha un disparo, se aprecia una nube de polvo. La imagen siguiente muestra a Nazeh Darwazi tirado en un charco de sangre. No se sabe cuanto tiempo transcurrió entre las dos imágenes.

Primera lección:según las grabaciones, parece que al menos durante siete minutos antes del disparo (grabación de Nablus TV), a las tropas israelíes solo les lanzaron piedras. La presencia de tiradores palestinos al fondo de la alameda, en la dirección en que se hizo el disparo, no está comprobada en absoluto.

Segunda lección: si el tirador que mató a Nazeh Darwazi es el que disparó desde el carro israelí inmovilizado, no podía tener una buena visibilidad. Las imágenes muestran que disparó con la arma en su cadera, y sin apuntar, lo que confirma el testimonio anónimo recogido de un soldado destinado en Naplusa.

1.3. Una negligencia criminal que presumiblemente quedará impune

Según Reporteros sin Fronteras, el ejército israelí efectuó un briefing militar, a propósito de este asunto. Cerca de tres semanas después de los hechos, los colegas de Nazeh Darwazi, testigos de su muerte, fueron interrogados, de manera informal. El ejército se enteró de la existencia de una o varias grabaciones de vídeo de la escena. Sin embargo, no se ha comunicado ninguna conclusión a su familia, ni mucho menos a los medios de comunicación.

A pesar de las graves sospechas de negligencia, por parte de un soldado, y la ausencia de "disparos procedentes de la multitud", contrariamente a lo que declaró el IDF el 19 de abril, la postura oficial del ejército es la de la legítima defensa. Nada indica que el fiscal general vaya a abrir próximamente una investigación criminal.

Presumiblemente, un soldado israelí cometió una grave infracción del reglamento, provocando la muerte de un civil. La intención criminal o asesina no está comprobada. Aunque, según el procedimiento del IDF, explicado en el correo del 30 de mayo, una infracción grave al reglamento es razón suficiente para que la policía militar realice una investigación.

2. La muerte de James Miller

2.2. El ejército israelí arrastra la investigación

A James Miller, documentalista y camarógrafo británico, que trabajaba para su productora Frostbite, le mataron el 2 de mayo de 2003 en los alrededores de Rafah, al sur de la Franja de Gaza. En aquel momento estaba acompañado por una periodista y productora, Saira Shah, y un asistente, Daniel Edge, ambos empleados de Frostbite. También estaban presentes dos traductores palestinos, Abdulrahman Abdullah y Mwafaq Al-Khateeb. James Miller murió de un disparo en el cuello, mientras salía de una casa palestina en la que el equipo de televisión acababa de grabar, durante tres horas. Por la noche, también se había unido al equipo de Frostbite un camarógrafo de la agencia norteamericana APTN.

Según los testigos, el ejército israelí abrió fuego, desde un tanque. En aquel momento no había fuego cruzado. Los periodistas, identificables, gritaban a los carros y agitaban una bandera blanca.

Según el ejército, las circunstancias del drama son otras: "Nuestras fuerzas habían descubierto un tunel en una casa, cuando fueron blanco de un misil anticarros. Devolvieron el disparo al origen del ataque". El portavoz militar, Jacob Dalal, añadió que James Miller "resultó aparentemente alcanzado en ese fuego cruzado". El ejército israelí se lamentó por la muerte de un civil, aunque estimando que el periodista "se había arriesgado mucho al estar en una zona de guerra, especialmente por la noche".

En principio, el IDF negó la presencia de carros israelíes en el sector. Después, el 4 de mayo, el coronel Avi Levy, comandante en jefe adjunto en la Franja de Gaza, declaró a los micrófonos de la radio pública israelí que al periodista le alcanzaron "por detrás", y que pudo matarle un tirador palestino. "Ha quedado establecido que el periodista fue alcanzado en el homóplato derecho, por detrás, mientras se encontraba frente a un carro israelí", declaró y añadió: "Hubo dos disparos antimisiles contra nuestras fuerzas, y después disparos de un arma automática, procedentes de varias casas, incluído el lugar en que se encontraban los periodistas". El oficial superior precisó que el ejército iba a "continuar la investigación".

Esta información se demostró posteriormente falsa ya que una autopsia, practicada el 6 de mayo en el Centro Nacional de Medicina Legal de Tel Aviv, reveló que James Miller sucumbió por una herida de bala en el cuello, y que el proyectil penetró por delante. La autopsia reveló también que se trataba de una bala de modelo israelí. El 8 de mayo, el IDF declaró no disponer de las conclusiones del informe de la autopsia, y no tener ningún comentario que hacer.

Resulta sorprendente que no se informara al ejército del resultado de la autopsia. Además, Reporteros sin Fronteras tuvo conocimiento de un informe interno del IDF a finales de mayo, que se habría realizado entre una y dos semanas después de los hechos, y mencionaba que a James Miller le alcanzaron de frente.

Alon Ben David, periodista del canal israelí Canal 10, tuvo conocimiento de ese informe, establecido sobre la base de entrevistas con varios soldados implicados en los hechos, comunicados de radio y grabaciones de vídeo, entregadas por la familia. Es éste, a grandes rasgos:

"La actividad en el sector de Rafah comenzó alrededor de doce horas antes del incidente. Las tropas encontraron una casa, de la que partía un túnel, y la demolieron con explosivos. Durante los combates, los soldados vieron a un equipo de televisión llegar a una casa, a la que desde entonces llaman "la casa de los periodistas". En aquel lugar operaba un bulldozer, rodeado de varios APC. (...) A las 22h00, se disparó un misil anticarros, desde el lado este de las tropas. La casa de los periodistas se encontraba al noreste, con una diferencia de unos 45 grados. El ejército respondió con fuego repetido. (...) A las 22h35, un oficial disparó una salva, en dirección a un montón de basuras. Sospechaba que había alguien escondido detrás. Las basuras no estaban en la dirección del edificio de los periodistas. (...) De 22h35 a 22h50, no se registraron disparos en el sector. (...) A las 22h50, los soldados escucharon dos disparos. No saben de donde procedí! an. Inmediatamente después oyeron unos gritos. Uno de los oficiales fue al encuentro del grupo, en el ACP. (...) A las 23h30, los soldados encontraron al camarógrafo herido, y le llevaron a un puesto militar, donde le atendieron unos médicos. Mientras transportaban al camarógrafo, el tanque fue alcanzado por un misil anticarros. (...) Resultado post mortem: muerto por una bala de calibre 5.56, que penetró al nivel del cuello y salió por el hombro derecho. Alcanzado por delante. Imposible determinar quien disparó. Calibre utilizado por el IDF u otros. Si la bala hubiera sido de calibre 7.62, entonces se habría podido decir con certeza que se trataba de una bala palestina, porque el IDF solo utiliza el 5.56 mm".

No se efectuó ninguna reconstrucción de los hechos y ya no será posible hacerla, porque posteriormente el ejército ha nivelado el terreno. Al día de hoy, el informe de la investagicón continúa, desde hace varias semanas, presumiblemente en manos del fiscal militar y del Ministro de Defensa, en espera de una decisión.

Desde entonces, parece que ha evolucionado el contenido del informe interno del IDF.Se enviaron unas copias, con bastante rapidez, al Fiscal militar, Menahem Finkelstein, y al Ministro de Defensa, Sául Mofaz.

El informe no tiene en cuenta los testimonios de los civiles presentes en el lugar, en el momento del drama. En efecto, solo declaró Saira Shah el 7 de julio; es decir, más de dos meses después de los hechos. En cuanto a los demás testigos, siguen sin declarar. Según Saira Shah, en el momento de los hechos los soldados insistían para que dijera que había fuego cruzado, y misiles palestinos. Ante su negativa a corroborar esa versión de los hechos, los soldados se mostraron más intimidatorios.

El IDF no ha hecho una reconstrucción de los hechos. Por el contrario, el ejército modificó después el lugar. Según Abdullrahman Abdullah, traductor y testigo de la escena, el ejército israelí habría cubierto el lugar, una semana después del incidente. La familia Al-Sha’er, que vive en la casa donde grababa James Miller, afirma que los soldados les dijeron: "Hemos hecho ésto porque vosotros decís que el IDF mató al periodista".

A principios de julio, el ejército israelí consintió en enseñar las armas de la unidad implicada. En efecto,unaexpertización balística practicada a petición de Frostbite y la familia del periodista, estableció la posibilidad de identificar el arma que sirvió para matar a James Miller gracias al proyectil, relativamente bien conservado, que se encontró en el chaleco antibalas del periodista. Sin embargo, El IDF solo presentó nueve armas en lugar de las quince que se esperaban. Pasaron quince días entre el momento cuando se ordenó remitir las armas y el día cuando fueron efectivamente entregadas. Además, las armas tienen números de serie casi consecutivos. Pero parece muy improbable que todos los soldados que han servido en esa unidad llegaran al ejército al mismo tiempo, y dispusieran de números de serie correlativos. Como el ejército no había previsto nada para la identificación del arma, aún no se hizo el test.

2.2. Los hechos establecidos tres meses después de la muerte de James Miller

La investigación independiente encargada por la familia y la productora Frostbite ha proporcionado algunas informaciones suplementarias sobre la muerte de James Miller. Chris Cobb-Smith, un investigador independiente, fue envíado a Israel, dos días después de los hechos. Del 4 al 9 de mayo recogió un gran número de elementos:

1- Los testimonios detallados de al menos tres testigos (Saira Shah, productora, Daniel Edge, ayudante de producción, y Abdullrahman Abdullah, traductor).

2- El plano y fotografías del lugar.

3- La realización de un test, en condiciones reales, de luz y visibilidad.

4- Las imágenes grabadas por Frostbite y Tamer Ziara, de la agencia APTN.

Según sus conclusiones, el ejército israelí tomó como blanco al equipo de Frostbite, cuando las circunstancias no lo justificaban. Según los testigos, hubo siste disparos; presumiblemente, el segundo fue el que mató al periodista británico. Los vídeos muestran que durante espacios de tiempo muy largos, en la hora que precedió al disparo, no pesaba ninguna amenaza sobre los soldados israelíes. Por otra parte, los periodistas aprovecharon esos períodos de calma para salir de la veranda iluminada, desde la que habían grabado, durante cerca de tres horas. Según la reconstrucción efectuada por Chris Cobb-Smith, en el momento de los disparos los tres periodistas seguían iluminados, por la luz de la casa.

A principios de junio, P.J.F. Mead, experto en balística, examinó el proyectil retirado del chaleco antibalas de James Miller. Excluyó la posibilidad de una bala rebotada, e indicó que ese tipo de proyectil se utiliza normalmente en armas de tipo M-16, así como en dos armas de fabricación israelí, llamadas Galil. La bala se fotografió, pesó, midió, etc. y según el experto en balística, su estado permite identificar, de manera probatoria, al arma que se utilizó para disparar el proyectil. Aunque deformada, la bala presenta ranuras lo suficientemente grades y marcadas como para testar y reconocer, con un alto índice de fiabilidad, el arma utilizada.

2.3. Una investigación inacabada cuya final sigue siendo incierto

En conclusión, también en ésto paracen diverger las versiones de los soldados y los testigos. Las falsas declaraciones del ejército, la modificación del terreno una semana después de los hechos y el contenido cambiante del informe del IDF, plantean serias dudas sobre la voluntad de las autoridades israelíes de aclarar este drama.

Reporteros sin Fronteras advierte que la autopsia del cuerpo del periodista, la expertización balística y las grabaciones de vídeo, han permitido establecer una parte de la verdad. Las declaraciones oficiales del ejército no han hecho más que interferir en las pistas. Ahora, el ejército se acantona en el secreto de la instrucción, y hace oídos sordos a las presiones de la familia, del gobierno británico y de las organizaciones que reclaman la apertura de una investigación criminal.

Todavía hay un gran número de hechos, que pueden y deben ser establecidos. Está más que justificada una investigación de la policía militar, porque es grande la sospecha de infracciones. La tesis de la legítima defensa se demuestra poco probada, porque no había fuego cruzado, ni ataque palestino, en el momento de los hechos. Los periodistas eran identificables como tales. Los militares les habían visto, mucho tiempo antes del incidente. El tiro que mató a James Miller fue, presumiblemente, un disparo israelí directo.

3. Los defectos de procedimiento de la investigación del ejército israelí

Todas las personas interrogadas hablan de un cierto número de problemas, inherentes al procedimiento puesto en marcha. Para empezar, los soldados implicados en los hechos son interrogados por sus superiores. Sobre esa base, se envía un informe al Fiscal militar que entonces puede ordenar, o no, la apertura de una investigación de la Policía Militar. Ese procedimiento anima a los militares a minimizar su responsabilidad, sabiendo que de su testimonio depende en gran parte el tratamiento que se dé a un caso.

Además, el Fiscal militar parece deseoso de no continuar más que en contadas excepciones, incluso cuando existe una grave sospecha de infracción del reglamento.

3.1. La falta de seriedad de las investigaciones iniciales

Según la abogada Yael Stein, que trabaja para la organización ísraelí de defensa de los derechos humanos B’Tselem, antes se efectuaba sistemática una investigación en todos los casos de homicidio de un civil. Entonces se presentaba un informe de la investigación al Ministro de Defensa en persona, en setenta y dos horas. "Las relaciones no eran muy buenas y raramente él le daba continuación. Pero, al menos se realizaba una investigación", explica, antes de añadir: "Desde el comienzo de la sublevación palestina (septiembre de 2000), el ejército ha declarado el Estado de "conflicto armado cercano a la guerra". Esa extraña noción no tiene equivalente ni existencia legal en el derecho humanitario internacional. Sobre esa base, el procedimiento de investigación se ha vuelto aun más opaco y aleatorio". Ahora no se precisa nada sobre los plazos que hay que respetar, para presentar los hechos al Fiscal militar.

Michel Strauss, abogado israelí, explica que la investigación interna llevada a cabo por el mando es "en realidad un examen basado esencialmente en el debriefing de los soldados. En la mayoría de los casos, no se ha interrogado a los testigos civiles". Michel Strauss añade que "el objetivo del ejército no es llevar a los individuos ante la justicia. Se trata de un asunto interno del ejército, destinado sobre todo a entender lo que pasó, para extraer enseñanzas sobre su propio funcionamiento".

Un responsable de la organización B’Tselem comparte el mismo análisis: "La idea del IDF es que para mejorar hay que indagar continuamente. La investigación interna cumple esa función". Según la organización de defensa de los derechos humanos, el ejército está convencido de que los hombres no mienten a su propia jerarquía, y de que el mando sobre el terreno conoce los datos del problema, mejor que el investigador de la policía militar.

Un portavoz del IDF también reconoció que a veces le resulta difícil conocer la verdad. Los oficiales superiores recogen las informaciones de los soldados, antes de transmitírselas al portavoz. "Hacemos declaraciones sobre la base de esas informaciones, pero no sabemos todo. A veces incluso fruncimos el ceño al escuchar determinadas cosas", concede, de forma anónima, ese portavoz.

Nada, en el procedimiento hoy en marcha, prevé la conservación de pruebas e indicios (autopsia, mantenimiento del estado de los lugares, expertización balística, etc.), que permitirían establecer la verdad de manera científica.

3.2. La falta de denuncias, incluso en casos de infracción comprobada

Todos los abogados, defensores de los derechos humanos y periodistas entrevistados denuncian el carácter aleatorio de las diligencias que no parecen seguir ninguna lógica salvo, en una aplastante mayoría de los casos, la de no implicar a los militares.

El informe de la investigación inicial -frecuentemente poco fiable, incompleto y de mediocre calidad- se entrega, tras un lapsus de tiempo desconocido, a un mando de alto rango, normalmente un general, y al Fiscal militar. Este es quien decide, sobre la base del informe y eventualmente de otros elementos, cerrar el caso o bien iniciar una investigación criminal. En este caso, toma el relevo la policía militar, e interroga a todos los protagonistas, tanto soldados como testigos civiles.

El ejército israelí afirma que, desde el comienzo de la segunda Intifada, "se han abierto más de 320 investigaciones de la Policía Militar, 48 de ellas relativas al uso ilegal de armas (comprendidos heridos y muertos). Como resultado de esas investigaciones, se han pronunciado más de 40 inculpaciones de soldados u oficiales del IDF".

Esas cifras solo se corresponden parcialmente con las de B’Tselem. La organización israelí de defensa de los derechos humanos ha censado cerca de 300 investigaciones abiertas, desde la segunda Intifada. Solo cuarenta y cinco se referían a la muerte de civiles palestinos; las otras eran relativas a robos, palizas, utilización de escudos humanos, etc. Respecto a las inculpaciones, las cifras varían. Según B’Tselem, solamente en seis casos la investigación terminó en denuncias. La abogada Yael Stein explica que "en seis casos, se presentó a los soldados ante un tribunal militar, sin que se sepa por qué. No existe ningún punto en común entre esos casos, y no parece haber una política judicial claramente establecida. Parece más bien que el fiscal no quiere denunciar, o que piensa que no ha lugar a denunciar, porque es la "casi guerra".

Además, la mayoría de los observadores subrayan la falta de publicidad en torno a las inculpaciones. Como son muy pocas, esa falta de trasparencia aumenta aun más el sentimiento de impunidad. "Si usted discute con los soldados, escuchará a muchos de ellos: "Tenemos derecho a disparar cuando queramos. Es la guerra y en la guerra se dispara". Piensan que si cometen un error y matan a un niño, o a un periodista, no les pasará nada. Eso les anima a disparar. Los soldados que sirven en los Territorios están aterrorizados. A veces no son más que niños. Son vulnerables y están poco entrenados, disparan tranquilamente porque nadie les dice lo contrario", afirma la abogada Yael Stein.

Conclusión

Reporteros sin Fronteras tiene la convicción de que, tras el fallecimiento de dos periodistas, los briefings de los soldados presentes en el lugar se efectuaron rápidamente. El IDF fue el encargado, tanto en un caso como en otro, de recoger informaciones suplementarias, procedentes de fuentes externas al ejército. A la vista de los numerosos elementos de prueba disponibles, deberían efectuarse nuevas investigaciones para establecer las responsabilidades en lo que, en ambos casos, aparecen como infracciones graves del reglamento.

A la falta de seriedad, incluso a los engaños constatados en las investigaciones iniciales, a las erróneas declaraciones del IDF, así como a la destrucción de pruebas, hay que añadir el deseo de la jerarquía militar de no implicar la responsabilidad de un ejército, al que se considera como un Estado comprometido en una "casi guerra", según la nueva terminología utilizada desde septiembre de 2000. En ese contexteo, la voluntad política de preservar la reputación del IDF prevalece sobre el deber de sancionar a los autores de negligencias graves, o abusos. La falta de una investigación real, pero más aun la falta de consecuencias judiciales, administrativas o disciplinarias, para los militares responsables de homicidios de civiles, incluídos los involuntarios, provocan un sentimiento de impunidad generalizado. Ese dejar hacer de los más altos responsables militares está, sin embargo, en total contradicción con los principios y valores del ejército israelí, entre los cuales la "pureza de las armas" y el "respeto de la vida humana".

Algunos soldados pueden considerar el ridículo número de denuncias ante un tribunal militar, y la falta de publicidad en torno a las eventuales sanciones, como un aval tácito de su jerarquía. También es probable que, en el futuro, se sigan cometiendo negligencias, errores graves, infracciones al reglamento y, sin duda, en muy pocos casos, exacciones deliberadas.

Por otra parte, algunas promesas no han tenido efecto. Un ejemplo. el periodista francés Bertrand Aguirre, corresponsal del canal TF1, resultó herido el 15 demayo de 2001, en Ramallah. Tres equipos de televisión diferentes grabaron a la vez algunas imágenes del incidente. En ellas se ve bajar de su vehículo a un guardia de fronteras israelí, ajustar tranquilamente el arma y, con el cigarro en la boca, abrir fuego, con balas reales, a la altura de un hombre, a una distancia de cerca de 100 metros. Bertrand Aguirre, acababa de terminar un "estudio", fue alcanzado en pleno pecho. Por suerte, el proyectil lo paró in extremis su chaleco antibalas. La policía de las policías, encargada de investigar las infracciones cometidas por la policía de fronteras, pidió al periodista su colaboración, prometiéndole efectuar la investigación más seria posible.

Contactado por Reporteros sin Fronteras dos años después de los hechos, Bertrand Aguirre se declara "decepcionado, pero no sorprendido" por la falta de continuidad en su caso. "Al cabo de cuatro meses, en septiembre de 2001, recibí una carta de tres líneas informándome de que se había cerrado la investigación, por falta de pruebas", explica el periodista que dice haber dado a las autoridades israelíes todas las facilidades. "Les entregué la placa de blindaje de mi chaleco antibalas. Me esforcé para que todos los testigos aceptaran hablar. No presenté una denuncia, etc. Verdaderamente les hice el juego y, al final, estoy persuadido de que no existía ninguna voluntad de llegar hasta el final de la investigación".

Recomendaciones

1. En relación con la muerte de Nazeh Darwazi, Reporteros sin Fronteras recomienda que el IDF realice una investigación completa y sancione si fuera necesario al soldado que, procediendo sin discernimiento a lo que pretendía ser un disparo de advertencia -porque no parece que existiera peligro inmediato- ocasionó la muerte de un camarógrafo, identificable como tal. Parecen del todo insuficientes las indagaciones internas, realizadas por el mando sobre el terreno, y cuyas conclusiones siguen siendo confidenciales.

2. En relación con la muerte de James Miller, Reporteros sin Fronteras considera que el Fiscal militar debe pedir a la policía militar que teste las armas de los soldados israelíes implicados en el incidente, a fin de identificar formalmente al autor del disparo. Esas investigaciones deberían dar lugar a una denuncia.

3. Debe practicarse sistemática la autopsia del cuerpo de cualquier periodista muerto en los Territorios palestinos ocupados. Esos elementos científicos resultan indispensables para establecer las responsabilidades.

4. El tribunal Supremo israelí debe revisar las decisiones del Fiscal militar que, en efecto, tendría que poder justificar su negativa a abrir una investigación.

5. Debe facilitarse el procedimiento para plantear una denuncia contra el ejército israelí, y hacerlo de conocimiento público. Los periodistas tiene que saber a qué instancia se deben dirigir.

Investigación: Nadette de Visser y Séverine Cazes



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